miércoles, 22 de diciembre de 2010

El descenso del águila



¿Por qué al abrir las alas, un águila de tremenda majestuosidad, a todos nos parece sublime?


No le encuentro la gracia si a la mínima de cambio desciende, sin escrúpulos, a saciarse de algún animal "ignorante" de lo que le espera... Es cierto, es lo normal, natural, lógico... pero sigo sin entenderlo.


Como cuando no controlas tu suerte, tu futuro, tu destino... no sabes que anterior maravilla puede acecharte ahora. La majestuosidad a veces me da miedo. Pero no soy consciente o no quiero serlo... y acepto mi suerte.


A la inversa todo es imposible. Nunca lo pasivo, banal u objetivo del descenso del águila, puede llegar a ver al águila, anticipar sus pasos y menos... ayudarla. Sería intentar manipular la suerte, codearse con los grandes, desubicarse...


Aceptando la posición, asumiendo el rol y logrando ignorar el acecho, el descenso del águila será mucho menos traumático. No mirar al cielo, no soñar nunca volver a ver al águila... pues verla significaría el fin.


Jessik_Bokis ([^_^])

jueves, 16 de diciembre de 2010

¿Para qué?

...Si todo termina por esconderse... (sólo tengo que fijarme en mi caracol). Un segundo de valentía y a la mínima señal positiva... EL MIEDO (en su caso es entrar en contacto con una deliciosa hojita de lechuga... es rozarlo y esfumarse... luego ya sale, cuando tiene más confianza...). Ojalá tuviera un bonito y amplio caparazón... y no se  me apreciaría al poner esa estúpida cara de disimulo. 



Lo llamo miedo porque la gente precipitadamente asimila una sensación que es semejante a la que me refiero, pero no es para nada MIEDO. Es mucho mejor. Hay miles de sensaciones que te hacen sentir vulnerable, y casi es preferible que nadie sepa de eso. Ésta de la que hablo sería ideal si consiguiese un buen caparazón... esto no tiene sentido ¿verdad?.

-.¿El caparazón es para protegerte?, -. Más quisiera yo...

Para qué arriesgar la serenidad por un "no sé cuánto tiempo" de frenética dicha.... por un "posible", por un "imposible"... ¿para qué?.



domingo, 5 de diciembre de 2010

Abriendo puertas, cerrando huecos...


Lo que ocurre no es fácil, se enreda y desbarata para variar...
Podría investigar, y sacarle a Watson una idea, no acertaría lo sé... pero ¿qué más da?

Me llega de lo alto lo mejor de las dichas, párense a pensar por un momento si requiere nostalgia alguna.
 De verdad, no tiene sentido enredarse para volverse a desenredar, porque todo es más facil si se quiere. Lo malo es que no quieras, no quieran, no es necesario profundizar en lo absurdo...

Me quedo con eso que me llena, no le pongo nombre, pero sí un silencio maravilloso... me conformo aunque para muchos sea poco, yo lo inventaría si no existiese. Hablemos de puertas que se abren, y que no pienso tocar... eso no quiere decir que no vaya a entrar. De los huecos mejor no hablemos, llevo tiempo tapándolos y alguna que otra rata se vuelve a escapar, y cada vez se unen más ratas.. y lo que antes era un hamster maravilloso... ahora, ahora prefiero cerrar el hueco y no mencionarlo más.

Me quedo contigo, por ahora, no pienso divagar más.