martes, 28 de noviembre de 2017

Cuando todo te recuerda a “eso”

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Llevo unos mil años sin escribir (burda exageración), pero es que a veces te surge la necesidad si es que pretendes seguir adelante con normalidad. No sé cómo explicarlo, pero hay asuntos, hechos o situaciones ya sean vividas por ti o por alguien que te importa, que arraigan tanto en ti que se convierten en tu “talón de aquiles”.

Es muy pesaroso y angustioso saber que algo que no puedes cambiar, simplemente por haber ocurrido, existido o haberse realizado, ejerce tanta presión sobre tu “ser” que casi no puedes ser la misma persona, al menos mientras “eso” aparezca por tu pensamiento.

Sigo métodos absurdos como quitarle importancia (sin éxito alguno), no pensar en ello, o simplemente dejarlo en el pasado y vivir el presente sin miedo, pues no hay nada supuestamente que temer. Pero no, ahí está presente, porque si no es mi mente, son las circunstancias, si no éstas pues ya se encarga el destino de crear momentos, encuentros, palabras o eventos que remuevan algo que aun no siendo mío me duele como si el cuchillo más afilado paseara lentamente por el pequeño hueco que hay entre mi piel y mis uñas.

Lo peor de todo es que compartirlo es algo impensable, hablar de “eso” podría suponer el final de mi dicha y admitir que no soy un ser lo suficientemente “fuerte”  y “seguro” como para preocuparme por asuntos en los que ni si quiera yo podría haber estado presente.

Pero no es “eso” lo que me preocupa, por mucho que mi torpeza, en esos incansables intentos por “desentrañarlo” haya mostrado debilidad ante el asunto en sí, o ante tal “decisión”. Lo que a mi me preocupa va más allá de lo tangible, va justo ahí donde a mi se me caen los castillos, las murallas, mi ejército y los mejores arqueros de este reino que pretendo proteger llamado corazón. Lo que a mi más me aflige es desconocer por completo lo que motivó a que “eso” ocurriera, lo que puede pasar por una mente que ya creía conocer para decidir que “eso” era una buena opción, una buena experiencia, una forma de simplificarse en pos de la voluntad. Pues nada me parece más doloroso que creer que algo es de una manera y que “eso” me recuerde que pueda ser de otra muy diferente, por mucho que me insistan, por mucho que parezcan tener las cosas realmente claras. Porque aunque yo quiera ver más allá del umbral de lo evidente, aunque me esfuerce en quedarme con un presente que ilumina buena parte de mi recorrido y donde las sonrisas son la gasolina que mueve a este saco de huesos; la realidad es que en el presente siguen los fantasmas apareciendo a saludar, siguen recordando lo que fue, sobre “eso” andan rondando para dejarme claro que uno es lo que es porque fue una vez lo que fue. Porque muero por saber que aunque las palabras digan lo contrario, en el fondo, “eso” querrías que no hubiera pasado, si al menos todo esto hubiera sido antes de “eso”.

Por si acaso dejo de escribir, teclear, o como quiera esto que se llame. No dejo de escupir palabras para ver si así saco lo que un simple artículo nefasto de internet, ha removido dentro de mi. Pues me importa “eso”, y no puedo evitarlo.

viernes, 12 de mayo de 2017

Las palabras no siempre son sólo palabras

Ilustración elisa talentino:

Serán muchos mis intentos por silenciarlo. Tengo puestos todos mis sentidos en controlarlo. A diario, cada minuto, cada instante. Creo que podría estar horas soltando adjetivos, verbos y frases que quizás por ser palabras no funcionaran o transmitieran mi mensaje con veracidad. Pero es verdad. Es tan verdad que a veces da miedo. Da miedo, como da miedo lo que puede ser desmesurado, o inapropiado; lo que por falta de medios puede quedarse corto de tanta responsabilidad que conlleva, de tanto contenido por expresar.

Son palabras sí, quizás antes, tiempo atrás, otros las desprestigiaran, las malgastaran, como hacen todos. Las palabras son lo más fácil y al mismo tiempo difícil de soltar, pero creo que todos sabemos identificar su esencia nada más traspasar el umbral de nuestro oído. Una vez esas palabras atraviesan el estribo, el yunque y el martillo, una vez penetran en lo más profundo del entendimiento, deben cumplir su función.

Por favor, no cometas el error de todos, tú que tanto has escuchado, tú que tanto has vivido. Como todos. Como yo. Las palabras que emanan del propio sentimiento no merecen ser destruídas por la incredulidad de las cicatrices. Esas palabras deben servir de guía a todo un elenco de intenciones y realidades que necesitan de ellas para “suceder”, para “fortalecerse”, para “vivir”.

Detrás se halla un corazón deseoso de comunicar, deseoso de ofrecerse al desenfreno de sentirse útil. A veces las palabras son su única forma de expresión, pues el tiempo, la distancia y las circunstancias no le permiten hacer uso de nada más. Las palabras, benditas palabras, bendita la dicha de poder escucharlas y recibirlas.

Encierra todo esto en el hueco más profunco de tu ser y piensa en las veces que puede que hayas ignorado al corazón. No te sientas culpable, ámalo, estás a tiempo, a tiempo de hablar por él y sobre todo de escucharlo.A tiempo de entenderlo y de aprender a respetarlo. Estamos a tiempo de hacer lo que estamos destinados a hacer.

Las palabras no siempre son sólo palabras.

miércoles, 29 de marzo de 2017

La temida.

 

823 あなたを思っています
I think of you.Se llama costumbre, y a mí no me provoca sentimiento negativo alguno. Sin embargo, muchos hablan de ella con desdén, temen su lado positivo (el único que yo le veo) y creo que confunden su naturaleza con la de la monotonía, y es cuando todo se hace absurdo.

El erizo, por analogía, es el protagonista de nuevo aquí. Coinciden el erizo y este temor, y provocan en mí el mismo afecto y tristeza que nunca llegaré a manejar. Me entusiasman los erizos, me apasiona verlos, abrazarlos incluso, a pesar de las posibles eridas, pero es que en cuanto emanan el temor, ese abrazo se hace mortal; el resto de la historia comienza con mi supervivencia al erizo, con mi lucha por evitar que tema, por evitar que se pierda en mis palabras y sólo escuche su miedo y su autoengaño.

Me encantaría dejar de luchar, pero estaría dejando ganar al miedo, a la falsa monotonía, al erizo al fin y al cabo. A lo mejor es absurdo, pero tengo la necesidad intrínseca de conseguir que ame la costumbre. Tengo la esperanza absurda de que deje de ser erizo, y quizás a eso no pueda sobrevivir.

 

por  Jessik_Bokis

martes, 14 de febrero de 2017

Apartando las moscas


Y la mosca soy yo. Porque sin quererlo voy siguiendo trayectorias casi hipnóticas pero con d3903570fa9110be2bdd29ad34313cf1muy poca soltura y que no llevan a ningún lugar. Porque acudo donde no debo y cuando menos se requiere. Porque las moscas no son del agrado de todos. A veces he creído ser mosca, de tanto que me lo han repetido. Quizás sea algo más, un ángel, un águila, cualquier ser que vuela libremente y que tiene una capacidad inmensa de amar. Pero al final eres lo que quieran que seas, lo que te convenzan ser, lo que te rodea.
Me asusta pensar en mi destino y me asusta ver el lado positivo de todo. De este modo siempre se olvida lo hiriente y se ofrecen tantas alternativas, tantas oportunidades, tantos renaceres que terminas perdiendo el orgullo y la dignidad. A veces hay que dejar de sonreír, para que la comisura de mis labios y su capacidad de levantar mis mejillas muy alto, no permitan de nuevo arrugar y achicar mis ojos; de ese modo podré ver la realidad, y no la fantasía que yo más deseo.
By Jessik_Bokis

domingo, 5 de febrero de 2017

El realista ajusta las velas

 

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Uno se quejará de su suerte y con ceño fruncido se quejará del viento, de su fuerza y de su descontrol, de su frialdad y su imprudencia. Hay quien mira al anterior sonriéndole, animándolo y convenciéndolo de que todo cambiará a mejor, que es algo temporal, que el viento puede llegar a ser muy agradable en breve y por tanto puede calmarse y continuar.

Pero ni uno, ni otro, ninguno de los dos hará nada. Se ciñen a meditar su opinión. Se centran en emitir sus puntos de vista convencidos de ser poseedores de la verdad y de alguna forma se terminan complementando para avanzar lo mejor posible a través del viento.

Pero hay un tercero en cuestión. Odio hacer esto, pero lo llaman “realista”. Yo lo llamaré “el correcto”. Este último ha aprendido a no emitir un juicios previos a la nueva sensación. Pues no todos los vientos son iguales, no todos duran lo mismo y no todos son “vientos”. El correcto hace algo que realmente sirve. El correcto actúa y por tanto se centra en algo importante: “Cambiar la situación o actualizarla”. Del pasivo estado de las simples opiniones anteriores, él se centra en ajustar las velas. Ahora el viento es herramienta y no elemento incontrolable y perturbador.

El correcto, el realista, como quieras llamarlo, es quien domina la situación y actúa. Es quien realmente puede usar las palabras y las opiniones y hacerlas realidad. Él no habla por hablar, ni incumple sus presagios ni sus promesas. Porque él sabe cómo dominar la situación. Lo sabe y lo hace, y debes creerlo.

 

by JESSIK BOKIS