domingo, 24 de enero de 2016

Elefantes, furgonetas y palabras.

No hay forma de definir ciertas cosas que en ocasiones acontecen y te dejan con la sensación de que nada es casualidad.

De pronto te reencuentras con un elefante. Aunque ya lo habias visto antes, de repente, un impulso te hace acercarte y acariciarlo. Lo mejor es cuando él te reconoce, y al mismo tiempo empiezas a descubrir su esencia real. De repente el elefante y tú no sois tan diferentes.

Elocuente y divertido animal.  Que sueña las mismas historias de hippies noctámbulos, de besos en furgonetas con vistas al mar, de horas de juegos y escrituras de anticipo a la realidad.

Quiero pensar que todo gira porque tiene que girar. Que todo ocurre por alguna razón. Que no hay distancia más corta, que la que permiten las ganas. Creo en el poder de las palabras. Creo en la magia. Creo en que mi elefante entenderá que al menos pueda tocarlo con canciones.

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