lunes, 29 de febrero de 2016

Más de lo que puedas desear/gestionar...


Le regalaron el oso de peluche más grande de la tienda.
Era una niña afortunada, ni siquiera lo tuvo que buscar, es más, creo que fue él quien la buscó a ella.
Ahí empezó el primer problema, casi sin saberlo. Pero, ¿por qué iba a ser esto un problema?

El peluche era más suave de lo que nunca pudo imaginar, y de lo que nunca tuvo. A eso lo acompañaba el tamaño abrumador que para ella en aquel momento era el "perfecto" y el que toda niña podría desear. Era calentito, una mirada apacible y amable. Era puro amor representado en un grandioso peluche.

Pero (y aquí está la clave), esa niña nunca pidió ese oso de peluche. Es más, recuerda que una vez tuvo en sus manos uno ideal, perfecto, adorable, "blandito" y muy "achuchable"; pero sobre todo, mucho más pequeño que éste. Este pensamiento le vino justo cuando llegó a su casa con ese grandioso nuevo oso de peluche. 

Entró en su diminuto pero adorable cuarto; cargándolo con ilusión y esfuerzo, con una gran sonrisa que iba desencajándose a cada paso en el que se le resbalaba o chocaba contra algo por no dejarle éste mucha visibilidad; hasta que al fin llegó a su diminuta pero adorable cama, y allí lo soltó. Sí, lo soltó, porque la pobre tenía los brazos cargados de la tensión y el esfuerzo de manejar a tremendo "osito"; así que no se pudo dar el lujo de colocarlo cuidadosamente en su cama como se espera de cualquier dulce niña con su nuevo y adorable "osito" de peluche.

Una vez logró recuperar el aliento, lo miró y él la miró a ella (o eso imaginó ella) y volvió a dibujarse en su cara la sonrisa de ese primer reencuentro horas antes cuando llegó a sus brazos por primera vez. Se esmeró la pequeña en subir a su cama y buscar una cuidadosa posición en la que su nuevo "amigo" se sintiera cómodo. Pero ya era tarde. Al alejarse, vio que en esa cama ya no quedaba casi espacio para ella. ¿Qué sentido tenía tener un oso de peluche adorable si no podía dormir con él?, ¿qué otra función puede tener un oso de peluche?, ¿qué le contaría a sus amigas cuando al día siguiente fuera al cole?. Ella se moría de ganas por contar que iba a dormir con el peluche más amoroso, grande y suave del mundo, pero... lo cierto es que eso no era factible.

Menos mal que no se había encariñado con él (pensaba), ahora sólo tenía que recordar que no era el "oso que quería", de hecho nunca lo pidió, parecía interesante al principio, era muy "llamativo" y al parecer lo que "todas las chicas de su edad desearían". Pero para ella, no. Para su cama, no. Para su forma de concebir la "función de un oso de peluche", no; era imposible.

No os contaré lo que sucedió después, pero creo que nunca más sintió ese cálido, inmenso, casi inalcanzable abrazo de "oso de peluche gigante" que le dio ese primer día. Ese primer día en que él la buscó a ella, o la encontró, o fue ella la que lo encontró sin casi imaginarlo. Pasaron muchos peluches más, todos fieles compañeros de dulces sueños, ideales en tamaño y suavidad, pero... nunca pudo borrar de su mente aquel primer abrazo. El tamaño de ese amor "blandito" reflejado en un primer abrazo, no pudo ser jamás igual.

Pero ¿sabéis qué?, dicen que cuando creció, sólo en ese preciso instante supo darse cuenta de su error. Es irónico, pero ¿quién iba a notarlo siendo tan pequeña con un cuerpo y una mente aún por descifrar, encajar y despertar?... 


by Jessik Bokis



2 comentarios:

  1. depende, todo depende quién mire el peluche y como lo mire será un peluche ideal y perfecto, o un peluche al q no sacar de la tienda.

    Y otra cosa es como la niña vea el peluche y como el pobre peluche se vea a él mismo.. Si pudiera hablar el pobre de él mismo..

    Todo depende.

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  2. Dependa de lo que dependa... GRACIAS POR COMENTAR! :)

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