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“La historia ya no se escribe”

Se escondió otra vez. Solía salir a caminar todas las mañanas, bajo la arboleda que dibujaba manchas en su piel y ropaje que le recordaban a uno de sus animales favoritos. No os voy a decir cuál. Se escondió esta vez. Cuando antes era toda música y canciones bajo la colada de sus vecinos, los murciélagos (o así solía llamarlos a menudo). Ella diferenciaba a cada tipo de individuo comparándolo con un animal, pero sus vecinos, en concreto, coincidían en ser murciélagos. No os voy a decir por qué. Se escondió deprisa. Tenía miedo, de ese miedo al que antes ha precedido el ingenuo temor; miedo de las ascuas, del polvo que levantan los pasos, de las huellas olvidadas de los caminos, de las sombras que no abrigan, del propio miedo y de ella misma. Tenía también muchas ganas, pero no os voy a decir de qué. Se escondió. Ya nadie la veía. Los murciélagos la buscaban por todos lados, algunos lloraban deseosos de poder escuchar su dulce voz cantar de nuevo; si ella supiera que a pesar de estar ca...

No puedo hablar

Puede parecer irónico, pero ayer estaba alabando voz. Anoche no dejaba de regalarme el sonido de su voz como quien sabe que con las cáscaras de altramuces otros encontrarán la gloria. Lo sabía, y luego yo se lo hice saber. Temí que dejara de hacerlo, por vergüenza, por timidez, pues quizás nadie le dejó claro nunca que poseía algo tan bello. Pero tras un poco de titubeo, volvió a dármela. No me lo podía creer, era algo tan sencillo y me llenaba tanto… Hoy yo estoy sin voz. ¡Parece un chiste!. He amanecido en un estado en el que parece que mi garganta hubiera batallado en algún tipo de guerra de insultos o palabrería barata donde moría el que antes callara. Pero no fue así, y ahora todo parece una broma. Pero creo que es algo más. Necesitaba estar en silencio, hacer todas esas cosas que sólo puedes hacer cuando estás en silencio, y vivir en una especie de burbuja completamente aislada durante un día para poder recuperar tu salud y tu dignidad. Me gusta el silencio y casi lo había olvid...

No puedo.

Estoy en una curva. Eso ya lo saben todos, pero algunos parece que no lo entienden. Estoy en una de esas curvas de las que no se sale igual que antes. Una muy cerrada que sólo puedes tomar si has acelerado tantísimo antes que la propia inercia y la ausencia de frenos son los que mantienen la trayectoria perfecta. No hay curva más bella y más reparadora. Sin embargo, lo que parecía ser fruto del proceso de transformación, rompe la mutación misma y dificulta las probabilidades de completar el trayecto con éxito. A veces pensé que se trataría de una especie de parada temporal, no física, dentro de la misma trayectoria; pero no fue así. Quise pararme, lo hice, pero fue una catástrofe tan bella que ha trastocado el proyecto en el que me entregué. Esta parada técnica, no debería haber sido nada más que una sonrisa, y sin embargo pasó a ser alegría, pero eso no es lo negativo, lo negativo es que manchaste con lágrimas el inicio de la curva y resbalé tanto que aún ahora sigo con moratones por ...

Aprendo deprisa.

No sé por qué. Tengo que escribir algo ahora mismo; es como una necesidad basada en mis ganas de liberarme de algo que hoy viene transformado en dolor de cabeza. Tengo que aprender de esto y por eso hoy tengo que escribir. No estoy eligiendo las palabras precisas, el ritmo preciso ni pretendo la poesía en todo eso. No me importa la belleza (hoy no), sólo quiero que funcione. Me tengo que aprender unas cuantas máximas que lo son, no por estar establecidas o aceptadas comúnmente, si no porque mi propia experiencia dice que lo son. Porque siempre es igual, porque la misma historia, el mismo patrón, el mismo tipo de personas y yo cayendo de la misma estúpida forma. Creo que, intentando no perder mi esencia, debo empezar a controlar la inocencia, la confianza y las ganas de pensar que todo el mundo es “bueno” en el fondo. Que todos estarán dispuestos a no llegar a hacer daño por que sí, que no prefieren quedar por encima tuya haciéndote sentir mal con tal de no perder la “razón”. “Llevar la...

Apreté el “pause” sin querer.

No sé por qué necesito escribir esto. Pero lo voy a hacer. Porque si no lo hiciera aquí, tendría que incumplir mi propia promesa de hacer las cosas bien y volver a perder el valor que yo misma me debo. No voy a derrochar evidencia y verborrea barata. Voy a verter todo sobre un folio en blanco, para ver si puedo dejarlo ahí y que no vuelva a quemarme por dentro, pues no puedo soportar tanta lava de volcán hirviendo por dentro y pidiendo salir de la forma más violenta y repentina posible. Tengo varias cosas que me atormentan, así como otras que me reconforman y alivian al mismo tiempo. Tengo miedos que no conocía anteriormente. Necesidades que sé que nunca se saciarán porque tendría que darle al tiempo hacia atrás y cambiar el pasado. Y eso no es posible, al menos desde aquí, desde el silencio, la distancia y la oscuridad. Tengo un sentimiento de impotencia creciente, al haber actuado como debería, pero no como sentía. Haber dicho lo que era correcto, pero no servía nada más que para cre...

La Dolania Americana se siente viva

Parece lo más efímero de la existencia y al mismo tiempo lo más perfecto. La Dolania Americana, cuya esperanza de vida ronda las 24 horas, me despierta tanta curiosidad como envidia. No estoy exagerando, pues es en lo más imperceptible, en aquello que desconocemos, donde habita la belleza más perfecta que existe. No niego que esté siendo tremendista, pues hay cosas poco envidiables en algo tan diminuto, efímero y “poco vistoso” si lo comparamos con una mariposa, ¿verdad?. Pero sólo hay que ir más allá para verlo. Como siempre digo, con los ojos de “humano” no lo verás. Lo primero que debo atender, es que ni si quiera a esta especie se le suele llamar por su nombre, pero forma parte de un conjunto de insectos denominados “efímeras”, y a mi ya esa palabra me tiene enamorada desde que la descubrí. Digo descubrir, porque odio eso de “aprender”, me da igual si alguien me ayuda a conocer algo y luego yo lo aprendo, prefiero llamarlo “descubrir” pues es lo que a mi existencia le pasa ...

Deprisa, a por la caja de mis sueños

Tenemos las 24 horas del día. Los 365 días del año. Los años que correspondan a acada uno. Todo este tiempo para… para NADA. Acosándonos a diario el tiempo, con sus minutos de obligaciones, de cosas que se esperan de nosotros y de miedo, mucho MIEDO. Vivir deprisa es una de las consecuencias. Casi no hay tiempo para conocerse a uno mismo. Normalmente vivimos todo lo rápido que podemos, porque nos convencen de que el tiempo corre y los objetivos tienen un tiempo limitado. Así un día, cansada de correr, cansada de vivir lo establecido, agotada tumbada boca arriba en la cama y con los ojos clavados en el techo, oscuro, pues es en la noche cuando todo se apaga, cuando queda algo de tiempo para ti. Normalmente estarás cansada, tanto, que no habrá tiempo de nuevo. Pero pronto llega el día, te obligas a vivir unos minutos más; tu libro favorito, tu canción más intrigante, cualquier excusa es buena. Un día te empiezas a escuchar, un día tu mente empieza a buscar ahí donde te quedaste un...